martes, 18 de marzo de 2014

El pueblito

Hace una semana me llevaron a un lugar muy peculiar en el corazón de TJ (el centro, la calle revolución para ser exactos). Se llama El Pueblito o El Pueblo. Un bar/cantina camuflajeado entre las tiendas de recuerdos y parte de la múltiple variedad de centros nocturnos y restaurantes gourmet que engalanan una de las más conocidas zonas turísticas de la ciudad. El detalle con ese lugar es que es un punto de reunión para jóvenes y no tan jóvenes, de todos los gustos musicales (aunque predomine el género punk, rock y derivados), de todas clases sociales, bonitos, feos, gordos flacos PERO con algo en común: su gusto por las drogas.
Por fuera pareciera que es un lugar clausurado: una puerta un poco deteriorada, una persona en la entrada pidiendo identificación de mayor de edad (vaya ironía donde procuran que no les acusen de dejar entrar menores de edad pero no por consumo de drogas). El pasillo que conduce al primer cuarto está adornado con una que otra estampa de grupos musicales, después se encuentra la barra, unas mesas de billar,  unas televisiones, cabe mencionar que el piso es de madera pero cada paso es una aventura por no saber si aguantará o no tus andares, "los baños", en fin, una cantina como cualquier otra. Narnia viene después, cuando cruzas la puerta que conduce al "área de fumar" y que de entrada es un golpe de mezcla de olores. Es un patio que alguna vez fue una parte decente de ese lugar; tiene una rockola, un templete, igual piso de madera no muy confiable y yonkis...yonkis everywhere. Sus paredes están grafiteadas o adornadas con arte urbano, tiene algunas mesas y sillas desbalagadas. Hay vestigios de lo que alguna vez fue "segundo piso" y que fue clausurado porque tenía un hoyo tan grande que temían que ocurriera un accidente (jaja). Su atmósfera es oscura, la música que sonaba era de mi completo gusto, el olor a mariguana con alcohol y miados no tanto. Es rara la persona que no consume por lo menos mariguana en ese lugar, ahí mismo la venden o no sobra quien te role un toque de su churro y así comenzar una gran amistad. La mirada perdida de muchos me invadió la cabeza de preguntas.
Para ser franca , no es que me sorprenda mucho ni tampoco me doy golpes de pecho pues me ha tocado estar en lugares similares o peores. Nunca he sido fanática de las drogas sin embargo me hace reflexionar mucho su consumo. No dentro del consumo consciente, sino el consciente inconsciente...aquél que contradice todo un sistema de ¿creencias? o de supuestos. Aquel que te invita a estar todos los días ausente, en otra realidad.
Y, por otro lado, también me sorprende la hipocresía de las autoridades que...bueno no pretendo entrar en debate  sobre ello. Sólo quería contar mi experiencia en el conocido Pueblito de la Revo.

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