Heme aquí de nuevo. Había ignorado por completo mi espacio de desahogo personal que tanto necesitaba... Me la he pasado un tanto ocupada pero, por suerte, no abrumada. Cuando decidí que la mejor manera para mantenerme cuerda era escribir mis vivencias en un blog, quizá había olvidado que a menudo me olvido de escribir. No es que no me guste sino que paso tanto tiempo conmigo, a solas, que vivo en una especie de soliloquio; siempre me hablo a mí misma así que me supongo que puedo sustituir un poco la compañía.
En fin...
Tijuana, Tijuana. Hace poco un amigo chileno vino a México acompañando una banda. Se enamoró de Tijuana. Sinceramente no entendía el por qué, así como no entiendo el por qué tantas personas que deciden venirse a vivir a esta ciudad fronteriza dicen caer rendidos ante su magnificencia. Si bien la ciudad no es la peor ciudad del mundo que he visitado, tampoco es la más encantadora y mágica sobre la tierra y las galaxias circunvecinas (ni siquiera cerca) PERO, he de admitir que hay una mezcla extraña que la hace parecer interesante.
Me llama bastante la atención que la mayor promoción que pueden hacerle los oriundos de estos lares es que se tiene la posibilidad de visitar EUA, San Diego para ser exactos. En lo personal, no me gusta Estados Unidos porque me molesta hablar inglés, en primer lugar. No es nada contra el idioma sino contra una idea -quizá un poco infantil- de que uno como no angloparlante tenga que ir al estado más latino de EUA y forzosamente hablar un inglés perfecto mientras que los gringos, poco o nada se esfuerzan por hablar el español. Es tonto y ahora que lo escribo me parece más tonto aún jaja pero es mi primer secreto y quizá algún día decida mandar a volar este pensamiento tan..inmaduro. Por otro lado, ODIO cambiar mi dinero a dólares. También me molesta lidiar con los pochos (mexicanos viviendo en gringolandia) y con los asiáticos que, a experiencia personal, suelen ser los más pedantes. En fin, me molesta pensar que los gringos me están haciendo un favor con dejarme entrar a su país, así que yo prefiero disfrutar Tijuana.
Pero Tijuana, Tijuana, es una ciudad que ha padecido bastante su condición de frontera. El refresco no es refresco sino soda, el dólar es usado indistintamente y en algunos lugares...¡sólo aceptan dólares!, sus negocios son en su mayoría de empresas gringas y en general han adoptado anglicanismos y costumbres gringas (o algo por el estilo) que la convierte en una de las ciudades menos mexicanas que he conocido. Aunque, sin duda, no pierde el toque que "caracteriza" negativamente a todo mexicano: contaminación, corrupción, valemadrismo puro, malinchismo, etc etc.
Y bueno, "positivamente" también: tacos (de birria sobre todo), gente amable, trabajadora y platicadora, buena fiesta, buen ambiente cultural....¿etc, etc?
Me entristece un poco que, por más que quiero conseguirlas, no puedo encontrar muchas características buenas y seguramente es porque aún no la he conocido lo suficiente. Así que por lo pronto hablaré de su transporte público.
Calafias, taxis colectivos y camiones. Con excepción de los camiones, los otros dos medios de transporte me eran totalmente ajenos, pero una vez que los usas quisieras no tener que volver a usarlos. Y bueno, agregando que en el norte del país se tienen los precios más altos en transporte público, calafias y taxis colectivos son como los carruajes de la muerte.
A decir verdad, quizá estoy exagerando un poco. O quizá no. Aún así, me encanta vivir esto, disfruto muchísimo tener la oportunidad de vivir en lugares distintos, experimentar otras formas de pasar el tiempo y andar por ahí, existiendo.
Hace días me preguntaba si me arrepentía de no haberme decidido por la movilidad internacional y la verdad es que NO. Porque yo sé que esto es sólo el principio, quizá por algo no tengo escrito nada definitivo aún en mi proyecto de vida. Una vez que pruebas que viajar es lo más excitante que hay (en muchos sentidos) no los quieres dejar nunca. Y entonces así me veo yo, como una ciudadana más del mundo.
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